N.º 2 De aquí y de ahora. Teatro Español contemporáneo
Trivialidades transcendentales: dramatizando las neurosis
Helen Freear-Papio
College of rhe Holy Cross
Diana M. de Paco Serrano, Obsession Street
Prólogo de Javier Villán.
Madrid, Huerga y Fierro, 2011. (Col. “El Teatro Puede”).
85 pp. 10,58 €. ISBN: 978-84-8374-897-8.
“¡Localice, focalice, proyecte y expulse!”. Estas son las instrucciones que hay que seguir si uno no quiere tragar el estrés de la vida moderna y explotar desde dentro causando que columnas de humo azul y negro se le salgan por todos los orificios del cuerpo. Tal es el consejo de SEÑOR 2, un personaje de Obsession Street, una de las obras más recientes de la muy talentosa dramaturga murciana, Diana de Paco Serrano. En esta obra, ganadora del Premio Palencia de Teatro en 2008, estrenada en 2009 bajo la impecable dirección de su hermano Mariano de Paco Serrano, publicada en 2011en la colección El Teatro Puede y prologada por Javier Villán, la autora crea un mundo moderno poblado por seres patéticos y anónimos, obsesionados por las cosas más triviales de la vida a expensas de los problemas más transcendentes. Como nos advierte Villán en su introducción, “Obsession Street es la visualización de un síndrome de incomunicación: la genuina, la que no tiene solución ni la quiere. […] Yo soy yo y lo demás, impertinentes agresiones a mi condición inmutable”.
La última obra publicada hasta la fecha en la ya larga trayectoria de la producción dramática de esta joven dramaturga, Obsession Street, marca una clara evolución en su teatro. Por ejemplo, en sus otras obras ha mostrado un interés en contemporizar temas mitológicos (Polifonía, Lucía y El canto póstumo de Orfeo), en ofrecer una visión de un mundo moderno, despojado de humor, violento y deshumanizado (Eco de cenizas y PCP), y en presentar una aproximación más humorística, tragicómica de ello (La antesala y Su tabaco gracias). Ahora, con Obsession Street, Diana de Paco ha tomado como punto de partida esta sólida base tragicómica, mítica, para crear a partir de ella una nueva estética del absurdo capaz de capturar el sinsentido, la irracionalidad del mundo en el que vivimos. Como explica Villán, es “[u]n absurdo de lo cotidiano por saturación, por una humorística piedad por el ser humano tan harto de compasión invasora como de soledad incompartida”. En esta obra la autora maneja el humor negro y la ironía con tanta habilidad que provoca no solo la risa trágica en el espectador sino la compasión y la frustración. De ahí la brillantez de Obsession Street: captura el caos sofocante de la incomunicación y la insolidaridad de la vida diaria contemporánea mediante el apuro de sus personajes, a través del empleo de un lenguaje coloquial, actual y ágil que, en vez de facilitar la comunicación entre ellos, la dificulta.
Compuesta de nueve viñetas apenas interconectadas entre sí por un hilo narrativo tenue, Obsession Street pone de relieve la incapacidad de la palabra no simplemente para sanar las relaciones que existen entre parejas o desconocidos, sino para crear significados estables. En un nivel metaliterario, la obra juega con el lenguaje, se burla de ello al hacer hincapié en su incapacidad de engendrar verdadera comunicación. Un ejemplo de ello es el uso a lo largo del drama de refranes y frases hechas, no para esclarecer significado sino para mostrar la incompetencia de la palabra para hacerlo. Diana de Paco manipula estos dichos tan arraigados en nuestra conciencia cultural, a veces rompiéndolos, otras veces cambiándolos o combinándolos. Es un uso espectacular de un lenguaje que todos reconocemos, pero que al mismo tiempo la autora lo compone de tal manera que muestra que estos dichos no dicen nada. Los mismos personajes son conscientes de este truco lingüístico. SEÑOR 4 afirma: “Los refranes no quieren decir nunca nada. Vamos a ver. Los metes en los huecos que te conviene y ya”. Diana de Paco construye toda una escena de incomunicación impresionante a base de ellos, entre MUJER y ELLA. Merece la pena ver un pequeño trozo de esta danza léxica:
MUJER.– […] Y también me miro, y veo las cosas como son, y que no son todos los que están, ni están… y me digo: ¡Dios da pan a quien no tiene dientes!
ELLA.– Pues vale.
MUJER.– No, mujer, no, que no es por ti. ¡Dios me libre! Lo digo por lo que tú ya sabes, que el que calla otorga.
ELLA.– Y el que avisa no es traidor.
MUJER.– Desde luego que no. Que me digo yo lo del pan y los dientes pensando en quienes tú ya sabes.
ELLA.– Y tanto que lo sé, pero no te preocupes que desde tu puerta verás pasar…
Las dos mujeres fingen entenderse pero es obvio para el lector que los dos lados de este diálogo nunca se conectan y no producen ningún significado lógico.
Hablemos entonces de estos personajes a quienes les ha tocado la mala suerte de vivir en esta calle de la obsesión, a ocupar este mundo construido a base de frases hechas sin sentido, repeticiones agobiantes y conversaciones desprovistas de significado relevante. Ellos, todos desindividualizados, son conocidos simplemente por su género, ÉL, ELLA, SEÑOR 1, SEÑOR 2, SEÑOR 3, SEÑOR 4 y MUJER, y todos tienen sus preocupaciones y obsesiones. SEÑOR 1, el protagonista, es un hombre patético que simplemente quiere que las otras personas le dejen en paz. Por cierto, son incapaces de hacerlo y este empeño de la gente desconocida de no ignorarlo y de empeorar su situación, produce la tensión dramática en esta tragicomedia absurda. SEÑOR 2 es el primero que entabla conversación con SEÑOR 1 en la parada del tranvía. No puede dejar de meterse con él, dándole consejos sobre cómo librarse del estrés, mientras, irónicamente, su insistencia en ello provoca en SEÑOR 1 el desmayo que, por turno, conduce a la intervención no buscada, ni querida, de los otros personajes. Diana de Paco hace otro guiño lingüístico, parodiando la falta de transparencia del lenguaje, al poner en la boca de otro desconocido, SEÑOR 3, una serie de observaciones metaliterarias incoherentes que comparte con SEÑOR 1, los cuales solo sirven para estresarle aún más. Y para rellenar el complemento de señores, hay SEÑOR 4, un tipo miope, conductor de tranvía, que se ha quitado los cristales de sus gafas porque “veía demasiado”. Es él quien, sin querer hacerlo, mete la pata insistentemente sin poder evitarlo, diciéndole a SEÑOR 1 cosas tremendamente crueles: un diálogo que hace que el espectador sienta tanta vergüenza que la escena resulta sumamente incómoda. MUJER, la de las frases hechas, es otro tipo, una de estas personas que, cuando nos habla, da por sentado que sabemos quién es y de qué habla, pero, cuando no quiere hablarnos, no da importancia a nuestra presencia, nos ignora. La pareja acomplejada, ÉL y ELLA, son otros intrusos en el mundo de SEÑOR 1. ÉL tiene la neura de querer reencarnarse en ternera, porque viven mejor, mientras ELLA está obsesionada por la necesidad de intentar arreglar los problemas de los demás: una debilidad que sabe explotar perfectamente ÉL, y que la empuja hacia un tipo de entendimiento mutuo, casi una solidaridad con SEÑOR 1.
Obsession Street, por tanto, es la historia de estos seres tan maniáticos, perdidos, incapaces de ayudarse y de apoyarse, que viven en un mundo que no valora la compasión, la comprensión y la comunicación. Es como si Diana de Paco hubiera pasado nuestra sociedad por un espejo roto, valle-inclanesco, y las imágenes que nos llegan no concuerdan por completo con nuestra realidad, pero hay algo en ellas que reconocemos con incomodidad, inquietud, y hasta vergüenza. Es evidente que Obsession Street no es una mera reflexión retorcida de un mundo loco y falto de piedad que dejará de existir cuando cerremos el libro o salgamos del teatro. Diana de Paco no escribe este tipo de teatro. El suyo es un teatro comprometido, un teatro que nos invita a examinarnos, a reflexionar y a cuestionar todos los males, tantos los grandes como los más pequeños, risibles o ridículos que vemos o que causamos todos los días, con la esperanza de que haya algo que podamos corregir de modo individual para poder efectuar cambios en una dimensión social. Vale la pena pasar tiempo con estos personajes fascinantes de este mundo tan angustioso que es Obsession Street. No obstante, si me permitís una pequeña advertencia, no hay que olvidar que el hábito no hace al monje, no todo lo que es oro brilla, caras vemos, corazones no sabemos… ¡Localice, focalice, proyecte y expulse! ¡Basta YA!



